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Todo
parece indicar que la suerte de los ciudadanos de a pie en lo que
respecta al debate sobre el Proyecto del Tercer Juego de Esclusas y de
los supuestos beneficios que se derivarían del mismo está echada y ello
es así porque para la oligarquía de ayer y de hoy –reducido grupo de
personas pertenecientes a una misma clase social que controlan el poder
supremo del Estado en función de sus propios intereses- el Proyecto de
Ampliación del Canal es “un buen negocio” y, en consecuencia, no hay
nada más que discutir.
Así lo
han puesto de manifiesto las cúpulas de todos los partidos políticos de
gamonales, un banquero con reincidentes aspiraciones presidenciales, dos
compíscuos ex Presidentes de la República cuyas Administraciones no se
caracterizaron, precisamente, por la transparencia y el propio
mandatario de la Nación quien ha anunciado su voluntad de diferir el
debate sobre un Plan de Desarrollo Nacional para después de realizado el
referéndum. Sin embargo, la pregunta que todos los panameños debemos
hacernos es la que forma parte del título de este artículo: Buen
negocio para quién.
Ya
sabemos que el programa de ampliación del canal es una buena jugada
para las navieras y en general para el capital marítimo internacional;
para las fuerzas armadas de los Estados Unidos, porque entre otras cosas
va a licitar a través de su cuerpo de ingenieros en las obras de
construcción y, sobre todo, porque sus portaviones podrán transitar por
el Canal.
Pero lo
que desconoce la mayoría de los panameños es para qué sector ínfimo de
nuestros conacionales la ampliación del canal significa la oportunidad
única para hacer el mejor de los agios, independientemente, si éste
coincide o no con el interés nacional o el bien común. Que nadie se
equivoque, el Proyecto del Tercer Juego de Esclusas es una excelente
ancheta para los banqueros y el capital financiero; para los
constructores, particularmente, los parientes del “amo chocolate” de la
Otra República; para la burguesía comercial importadora,
emblemáticamente representada por los dueños de los supermercados; y
para la burguesía burocrática, grupo de la sociedad que se enriquece
lícita e ilícitamente mediante el ejercicio gubernamental.
No
obstante la principal artimaña de la oligarquía es hacernos creer que
somos “socios” del Canal y, en consecuencia, todos nos beneficiaremos de
la virtual “danza de millones” generada por la ampliación del Canal,
para ello cuenta con toda la fanfarria mediática para inducir a las
capas medias a la “esquizofrenia social” de sentirse pares de los
“rabiblancos” del Club Unión. Inclusive, a la hija o hijo de la
cocinera, lavandera o enfermera, imaginarse que son el TORO, YEYA,
BIMBÍN, RICKY CASI 100 o el mismísimo BETO BANCO.
Pero lo
cierto es que la opinión de los panameños y panameñas de a pie, no
cuenta. Si no pregúntele al legendario dirigente campesino, Julio
Bermúdez, quien interpretando el sentimiento generalizado del pueblo
panameño y apelando al “espíritu” de Coronado (acuerdo de la sociedad
civil y del gobierno que permitió el desarrollo de la ARI y la ACP) y
en nombre de los habitantes de la Cuenca Hidrográfica del Canal,
solicitó al gobierno promover un debate nacional para consensuar una
agenda de Estado que contemple, paralelamente, la Ampliación del Canal
de Panamá y la implementación de un Proyecto de Desarrollo Nacional.
¿Aceptará el reto la Cúpula de “Patria Nueva”? ¿Caerá en oídos sordos el
clamor generalizado del pueblo? ¡AMANECERÁ Y NOS VEREMOS EN EL
REFERENDUM! |